Entre la inmensidad del paisaje costero y las contradicciones de la vida urbana contemporánea, Monte Hermoso construye un cancionero donde la sensibilidad dream pop convive con preguntas sobre los afectos, la comunidad y las formas de habitar el presente. En su debut, Empatía o muerte, el cuarteto marplatense convierte la experiencia cotidiana en materia poética y encuentra en la incertidumbre una herramienta para pensar el mundo.

 

Frustración. Deseo. Interrogantes. Dudas. Certezas. Poesía. Comunidad. Experiencia. Hastío. Armonía. Texturas. Paisajes. Amistad. La inmensidad del mar. La inmensidad de una ciudad habitada por millones. La inmensidad de una ciudad vacía. Construcción. Decepción. Resistencia. DIY. La necesidad de expresarse. La necesidad de gritarlo. La necesidad de escribirlo.
La lista podría continuar. Sin embargo, el punto es otro: el todo es siempre mayor que la suma de sus partes.
Desde Mar del Plata, Monte Hermoso transforma la urgencia en un camino de expresión musical que encuentra su forma en un debut capaz de tomarle el pulso al presente.
Entre el darwinismo social, el deterioro del espacio público, la política de los afectos y el deseo como fuerza transformadora, el cuarteto combina las texturas del dream pop con una poesía social e intimista. Empatía o muerte es un EP que esquiva tanto la bajada de línea evidente como la abstracción hermética. No busca agradar ni convertirse en un objeto aesthetic. Sus preguntas incomodan tanto como acompañan, dejando una resonancia que remite a cierta tradición de la poesía blefariana.
Musicalmente hay una sensación de levitación sostenida por guitarras precisas y una comprensión compartida de la tarea: construir sentido. No hay espacio para el virtuosismo vacío ni para los habituales ejercicios de onanismo musical. Cada recurso está puesto al servicio de ese todo colectivo que excede a sus partes. La apuesta está en los interrogantes. En la búsqueda de sentido. En el encuentro.
Las cuatro canciones de Empatía o muerte (Fuego Amigo Discos-Pistilo Records) conforman un conjunto coherente que articula experiencias personales y colectivas desde una sensibilidad profundamente ligada a la realidad argentina contemporánea. Aunque las letras abordan temas distintos, todas parecen partir de una misma preocupación: cómo vivir, sostener vínculos y construir comunidad en un contexto atravesado por la incertidumbre, la precariedad y la pérdida de horizontes compartidos.
Uno de los aspectos más interesantes del EP es la forma en que los espacios organizan cada canción. La primera se desarrolla en la calle, escenario histórico de la protesta social y la organización popular en Argentina. La segunda se desplaza hacia el ámbito doméstico, donde la angustia inmoviliza y vuelve difícil incluso realizar las tareas más cotidianas. La tercera se sitúa en la ciudad y en el barrio, espacios atravesados por la sensación de extrañamiento y pérdida de pertenencia. La cuarta abandona los lugares físicos para concentrarse en el terreno de la conciencia, donde conviven el miedo, el deseo y la necesidad de actuar.
A través de estos distintos escenarios aparece una característica común: el paso constante de lo individual a lo colectivo. Incluso cuando una canción comienza desde la experiencia personal, rápidamente se amplía hacia un “nosotros”. La angustia deja de ser un problema privado para convertirse en una experiencia compartida; el miedo se transforma en una pregunta sobre la acción; la ciudad deja de ser un simple paisaje para expresar la situación de una comunidad que siente que ha perdido parte de su lugar en el mundo.
En este sentido, las canciones construyen una mirada política que no se apoya en consignas ideológicas ni en discursos explícitos. La política aparece a través de los afectos. El hambre, la empatía, la soledad, la angustia, el miedo y el deseo son los conceptos que organizan las letras. Lo social no se presenta como una discusión abstracta, sino como algo que atraviesa directamente los cuerpos, las emociones y la vida cotidiana.
«El hambre acecha», la primera canción, es la que expresa esta dimensión de manera más evidente. La referencia a una calle en estado de alerta, la presencia policial y la relación entre hambre y conflicto social remiten a escenas reconocibles de la historia reciente argentina. Sin embargo, la frase insignia “Empatía o muerte” desplaza el eje desde la confrontación hacia una reflexión más amplia sobre la necesidad de construir lazos solidarios frente a la exclusión y la desigualdad.
Las canciones siguientes exploran otras formas de malestar. «Rotas» describe una experiencia de agotamiento emocional que puede leerse tanto desde una perspectiva existencial como desde las exigencias sociales que recaen sobre los sujetos en el presente. La letra señala no sólo el sufrimiento, sino también la invisibilidad de ese sufrimiento. La sensación de que nadie lo nota o que a nadie le importa funciona como una crítica a una sociedad que muchas veces naturaliza el cansancio y la precariedad emocional.
En «Ciudad vacía» aparece otro tema central: la pérdida de comunidad. El verso “el barrio ya no es nuestro” condensa una sensación cada vez más frecuente en muchas ciudades argentinas y del mundo. No se trata únicamente de transformaciones urbanas o económicas, sino de la percepción de que ciertos espacios dejan de pertenecer a quienes les dieron identidad. La ciudad aparece conocida pero extraña, habitada pero vacía de sentido.
«Ahora», la canción que cierra el EP,  lleva estas inquietudes al plano más abstracto. El miedo y el deseo aparecen enfrentados, mientras el tiempo se presenta como una urgencia. La advertencia de que algún día será tarde si se actúa desde la cobardía puede leerse como una invitación a no quedar paralizados frente a las dificultades. En este contexto, el deseo funciona como una fuerza que persiste incluso cuando predominan la incertidumbre o el desencanto.
Precisamente el deseo es uno de los elementos que atraviesa todo el material. Aparece bajo distintas formas: como fuego que surge frente al hambre, como impulso que sobrevive a la angustia, como nostalgia de una ciudad que ya no existe o como afirmación explícita frente al miedo. En todas las canciones, el deseo opera como la capacidad de seguir imaginando otros vínculos, otros espacios y otras posibilidades.
Por eso, aunque las letras están atravesadas por la tristeza, la pérdida y la fragilidad, el conjunto no resulta pesimista. Hay una conciencia clara de las dificultades sociales, económicas y emocionales que atraviesan la experiencia contemporánea, pero también una búsqueda constante de aquello que todavía puede sostener una vida en común: la empatía, la memoria, la confianza y el deseo.
En conjunto, estas canciones pueden leerse como el retrato sensible de una generación que vive entre la crisis y la necesidad de seguir construyendo sentido. Más que ofrecer respuestas cerradas, plantean una pregunta que recorre todo el material: cómo seguir encontrándose con otros en una época marcada por la fragmentación, la incertidumbre y el desgaste de los lazos sociales. Esa búsqueda constituye, al mismo tiempo, el núcleo poético y político de Empatía o muerte.

La historia de Monte Hermoso está íntimamente ligada a la de su mente creativa, Maff Barberis. Tras más de quince años impulsando la escena del rock alternativo marplatense desde la gestión cultural del sello autogestivo Pistilo Records, esta activadora cultural, fotógrafa y profesora de geografía decidió, ya entrada en sus treinta, dar un paso más y comenzar a escribir sus propias canciones. Así fue como tomó un bajo que siempre estaba al alcance en la sala de ensayo y convirtió la música en una parte esencial de su vida cotidiana.
Sin grandes pretensiones técnicas, pero guiada por una profunda búsqueda expresiva, comenzó a construir día a día un repertorio de canciones hipnóticas y emotivas, donde su voz encontró de manera natural el espacio para desplegarse.
Cuando aquellas composiciones empezaron a reclamar nuevos matices sonoros, decidió formar una banda propia. En ese proyecto no podía faltar Isaac Astier, compañero de ruta tanto en Pistilo Records como en la vida, quien se sumó con sus guitarras cargadas de reverberación. Con esa base consolidada, convocaron a Cisco para aportar una nueva capa de guitarras. Tras un período de exploración y búsqueda colectiva, la formación terminó de completarse con la incorporación de Elías Zerbini en batería.
Entre finales de 2024 y febrero de 2026, la banda grabó diez canciones en el estudio de Pistilo Records. Cuatro de ellas integran su primer EP, Empatía o muerte, una edición conjunta entre Pistilo Records y Fuego Amigo Discos.
Son Astier y Barberis quienes responden las preguntas de RAPTO desde Mar del Plata.

– Las canciones del disco están lejos de ser entretenimiento o relleno pasatista: reflejan sentimientos de una época compleja, tanto en Argentina como en el mundo.
¿Eran conscientes de ese sentimiento que atraviesa al disco o se dieron cuenta cuando ya estaba encaminado?

Maff:  Si bien el nacimiento de las canciones de Monte Hermoso ocurre como una terapia (más accesible) para salir de mi oscuridad pronto descubrí que el contexto también estaba mutando a negro. Hay algunas canciones que nacieron desde un sentimiento profundo y  (horrorosamente consciente) de lo que se avecinaba, momentos que luego van a quedar en nuestra memoria colectiva generacional o libros de historia.
Hoy soy consciente de que ese sentimiento está bueno exponerlo, compartirlo, participarlo. Es innegable que este álbum y otras canciones más, que quedaron fuera, son un producto de época y por lo tanto un registro testimonial emocional de éste tiempo.
Por otro lado, más racional, también creí que la poesía que acompaña al sentimiento debía ir en algún tipo de coherencia. Habilitar la palabra como arma, no tener miedo a nombrar, no tener  miedo a escribir. Tampoco estar atados al purismo de un género, que no nos deje experimentar con el lenguaje. Ni dar todo masticado y digerible, eso que llaman “easy listening”. Creo que los músicos muchas veces, desaprovechamos la poesía. Quedamos limitados o no tenemos cosas para decir. Es un espacio a reconquistar, con lectura, amor y consciencia.

Isaac: Somos conscientes que tenemos una herramienta que además de disfrutar puede transformar. Intentamos que nuestras canciones conmuevan, no dejen al que las escucha en el mismo lugar. No intentar esa experiencia sería desaprovechar las posibilidades que tiene el arte, que es movilizar profundamente.

-¿Cómo fue el proceso de grabación y producción del disco?

Isaac: Fue un proceso bastante intenso que duró cerca de un año, porque primero demeamos unas diez canciones que veníamos tocando en vivo y luego elegimos estas cuatro para formar parte de este EP. De esos demos con baterías programadas fuimos regrabando y puliendo hasta llegar a las versiones del álbum. Al trabajar el álbum en el estudio de Pistilo tuvimos el control total y el tiempo necesario para obtener los resultados que para nosotros eran satisfactorios. Creo que llegamos a una buena calidad para cuando salió el single adelanto así que cuando logramos una fidelidad similar con el resto de los temas lo dimos por terminado.

-¿De qué manera trabajan las canciones? ¿Cuál es la dinámica de composición?

Isaac: Somos la banda de Maff, ella es la compositora de las canciones y la que tiene la última palabra en Monte Hermoso. Los temas inician desde su inspiración, creando melodías desde el bajo e improvisando frases. Cuando lo cree conveniente me muestra esas ideas y yo trato de encontrar las armonías desde la guitarra  para luego probar en los ensayos arreglos y climas con la banda completa, lo que le termina de definir la impronta a las canciones.

– Monte Hermoso está conformado por integrantes experimentados en la movida. ¿Cómo ven la actualidad del circuito marplatense? Por un lado, hay una Mar del Plata que llama la atención con sus bandas, que tiene shows internacionales y salas copadas. Sin embargo, hay otro lado donde está jodido convocar, crecer en convocatoria y afirmar los proyectos.

Maff:  El movimiento marplatónico se expandió en la postpandemia de una manera exponencialmente vertiginosa. Todos los findes debutaban una o dos bandas nuevas. Se mezclaron las generaciones de finales de los ochenta, con los noventa y dos mil, con una nueva camada. Pero hay que decirlo, toda esta nueva escena alternativa es fruto de años anteriores.
En la actualidad ese vértigo llegó a una meseta, y socialmente la escena está fragmentada. Esto es producto de un contexto en crisis: por un lado, porque es caro salir donde siempre media el consumo o poder sostener los insumos básicos de ensayo. Y por el otro lado, el cambio en las maneras de relacionarnos, la hiperconexión a nuestros tamagochis-avatares que nos representamos en los territorios virtuales nos alejan de los encuentros reales cara a cara.
La fragmentación  que se puede distinguir (desde dentro) son dos modos políticos de hacer las cosas y entender el mundo. Hay proyectos y bandas contraculturales, que confíamos en el arte y lo cultivamos desde relaciones humanas cercanas y encaramos la producción más DIY, libre de las modas y comprometida. Y por otro lado, una parte que desea pertenecer a las grandes ligas que están impulsadas por el capital y responden a los algoritmos de nicho. Productoras que organizan grandes festivales con carteles internacionales, bandas que acomodan sus integrantes según lo que demande el mercado y canciones pasatistas. Generalmente lo que se ve de Mar del plata es sólo esta última parte, porque claro, tiene mayor poder de difusión y atractivo.
En otro sentido, los espacios donde se gestiona la cultura siempre están en tensión entre lo local-propio y la cultura que viene a “hacer la temporada”. Los ojos de nuestra ciudad están mediados por la necesidad de promoción turística constante, un marketing feliz insostenible.

Isaac: Existe un verdadero movimiento de rock alternativo de Mar del Plata de larga data, que se ha ido conformado al modo indie, con bandas y artistas valiosos y originales, que con sus acciones han ido catalizando la otra cara (más profunda, como su mar) de la ciudad feliz, hasta encontrar un sonido propio. Ese “movimiento” sumamente rico en obras de arte honestas y genuinas,  es más underground, y tiene valores y búsquedas diferentes a lo que puede considerarse la “escena” marplatense emergente,  conformada por una camada de bandas que en general, en vez de crear reciclan o copian músicas de los 80 y 90s porque está de moda, y que buscan ser apadrinados por el poder del capital para obtener recursos y visibilidad. Por mi filosofía indie y algo marxista, tengo una visión crítica de esta escena porque creo que se apropia la estética del rock pero renuncia a su poder contracultural y de transformación.

-Entre tanto darwinismo social, ¿qué encuentran en la banda y el arte en general? Hoy en día, con un cotidiano tan jodido, sostener un proyecto artístico es un acto de afecto y  construcción.

Maff: Un proyecto artístico es refugio y es comunidad. Hacer una hoguera, comer juntos, tocar música. También es un espacio de privilegio, somos conscientes. En nuestro caso, trabajamos en otros rubros y aun así tratamos de sostener y construir. Sin embargo, el tiempo es escaso y cada vez más tenemos más tareas por el mismo precio.
Creo que la cooperación es necesaria para sobrellevar este presente, y el invierno. Sembrar nuevamente la empatía para recuperar el tejido social es lo más punk que se puede hacer en este momento. Es oxitocina: nuestra esencia mamífera puesta en marcha. Entender que el otro no es el enemigo para liberar la escucha. Y el arte es una gran excusa para compartir, colaborar, charlar, proyectar junto a otros. Y sobre todo proyectar. Porque esta oscuridad es producto de la crisis de futuro. No somos capaces de imaginar un futuro mejor que el presente.
La automatización generativa es una grave pérdida de la creatividad y la imaginación humana. Casi que socavando los límites de lo que es cultura. El arte es un ejercicio necesario y cuasi militante.  La IA no viene a salvarnos.

-¿Qué sienten ahora que el debut está publicado y va haciendo su camino? Lo toman con calma o ya están manija de ir por más?

Isaac: Siento calma y hasta diría alivio de tener el álbum publicado. Al ser encargado de la producción del álbum siento especialmente la presión del work in progress, cierta responsabilidad y hasta ansiedad mientras está la obra inconclusa. Cuando se concluye el proceso y se logra publicar siento una gran satisfacción de que ya no está en mis manos, de que ya la obra recorre su propio camino. El círculo se cierra cuando la música que estuvimos haciendo puertas adentro ahora entra en otras cabezas y corazones. Eso hace que valga la pena todo el trabajo y es lo que le da más sentido a nuestras vidas.

Maff: No soy muy ambiciosa, me gusta poder disfrutar de cada paso. Decidí poner pausa a tocar en vivo , para tener tiempo para otras cosas como contestar esta entrevista o ir a alguna radio. Sí estamos cebados con viajar a tocar a diferentes ciudades en la segunda mitad del año. No conozco Rosario, por ejemplo y qué mejor excusa para hacer nuevos amigos que compartir una fecha. Siento que, en parte, se terminó el tramo introspectivo de construir canciones y pasamos a una etapa hacia afuera, de compartir con otros que les haya conmovido nuestra música y construir nuevas relaciones de intercambios, sosteniendo las raíces siempre. No olvidarnos de los que nos ayudaron desde siempre, como nuestros sellos Pistilo Records y Fuego Amigo Discos, dos de los sellos independientes más longevos de la argentina.
En julio vamos a estar girando por Bariloche y Neuquén y en agosto estaremos por CABA.

-La canción «Ciudad vacía» captura lo complejo de las ciudades turísticas: el vacío, la búsqueda de identidad, la invasión de temporada. El tema trata la búsqueda y la definición de una identidad por contraposición.
¿Cómo surge esa canción?

Maff: Al principio, quise exponer el sentimiento del marplatense, porque siempre se habla de la ciudad feliz y se lo retrata desde el punto de vista romántico del turista y no de los que habitamos este espacio. Basta con buscar cuantas canciones se llaman Mar del Plata.
Como profe de geografía repense mucho nuestra identidad e historia. Entendí que el origen de la ciudad fue un negocio inmobiliario e indagué en la fragmentación y segregación posterior, entre la élite veraneante  y los marplatenses que trabajaban para ellos, que fueron directamente expulsados.
Esa primera segregación creo que deja huella en nuestra identidad. Esta dicotomía persiste entre la ciudad turística: que esté todo bonito, que el centro esté arreglado para el turismo porque lo necesitamos, porque es una actividad económica prioritaria, o a la que le dimos prioridad; y la ciudad real, donde hay chicos que no conocen la playa en barrios del oeste.
Así, «Ciudad vacía» puede tener una doble lectura. Tenemos una infraestructura preparada para que habiten tres millones de personas, pero en realidad somos 600.000 habitantes al año. Y por el otro lado, marca la idea de un vaciamiento cultural/identitario. Porque las ciudades turísticas nos definimos en contraposición a ese turista. Aunque existe una cultura de resistencia. Lo vemos en los centros culturales que salen del circuito comercial.
Pero sí, nuestra identidad está en contraposición al otro, que siempre es más importante por ser nuestra fuente de trabajo. Y a partir de esto, se diseña una ciudad llena de torres vacías con vista al mar ¿Para quiénes?
Ante este panorama es importante preguntarnos qué ciudad queremos construir y habitar, es imprescindible comenzar a discutir el derecho a la ciudad. Y esto es trasladable a cualquier ciudad del mundo, más allá de sus particularidades. Aquí me di cuenta que la canción excede la propia visión de la otra cara de la ciudad feliz.
Ciudad vacía nace como una crítica y deseo de cambio a la vez.

-Como gestores involucrados en el sello Pistilo y también llevando adelante su propia banda, ¿de qué manera establecen vínculos para activar fuera de su ciudad?

Isaac: Mientras recorremos nuestro camino tratamos de conectar con gente con nuestros mismos principios y formas de entender este universo pero que activa desde otros lugares. Cuando se dan esas conexiones se generan lazos de reciprocidad y se multiplican los potenciales, además de cosechar experiencias memorables. Tratamos de generar experiencias colectivas de esa forma, siendo parte de un grupo más amplio que la propia banda, y desde allí conectar con otros grupos afines.
Ser parte de una banda que está en Pistilo implica también ser parte del sello, y viceversa, estar en nuestro sello es ser parte de una gran banda. Las relaciones banda-sello pueden ser muy duraderas o durar solo un tiempo de coincidencias, pero mientras dura, el vínculo es intenso y se nutre también de los contactos y amistades históricas del sello, lo que amplía las posibilidades de que la música llegue más lejos y tocarla en otros lugares.
Nuestra expansión está más determinada por los vínculos que hemos cosechado, que por los recursos económicos que disponemos para concretarla.

 

Por Lucas Canalda
Fotografías por Fermín Furmston

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